Salud y Actividad fisica

SALUD Y ACTIVIDAD FÍSICA

Actualmente las relaciones entre la actividad física y la salud están repletas de supuestos que sostienen la problemática relación: actividad física = condición física = salud (Devís y cols., 2000). La hipótesis de partida de este paradigma es que si una persona realiza actividad física, ésta repercute en la mejora de la condición física y al mejorar ésta se mejora la salud. Sin embargo, no siempre las mejoras en la condición física producen mejoras en la salud tanto física como psico-social.

Paradigma centrado en la Condición Física (Bouchard y cols., 1990)

La actividad física puede influir en la salud haya o no haya mejora en la condición física, ya que la actividad física está al alcance de todos porque todos pueden hacer algún tipo de actividad, mientras que la mejora de la condición física no siempre se consigue porque, entre otras cosas, depende de factores genéticos (Devís y cols., 2000).

 

El paradigma orientado a la actividad física está más próximo a una visión recreativa y participativa en actividades físicas, que el centrado en la condición física. Y desde el punto de vista de la salud, es más importante el proceso que el resultado o la comparación con otras personas.

Paradigma orientado a la actividad física (Bouchard y cols., 1990)

 

La actividad física es un elemento de los muchos del paradigma y que se encuentra relacionado con otros. Se refiere a la herencia, el estilo de vida, el ambiente y otros atributos personales que pueden ser mucho más determinantes de la salud de una persona que la realización o no de actividad física (Devís y cols., 2000). Este concepto conecta con la definición de Mendoza y cols. (1994) del estilo de vida, que viene determinado por las características individuales de la persona, el entorno microsocial (familia, profesores, amigos…), macrosocial (publicidad, cultura, sistema socio-económico) y el medio geográfico.

 

 LA CREACIÓN DE UN HÁBITO DE PRÁCTICA DE EJERCICIO FÍSICO COMO BASE PARA MEJORAR LA SALUD

 

Gutiérrez (2000) citando a Berger (1996) plantea que algo debe estar equivocado porque no se entiende que el ejercicio físico esté asociado a tantos beneficios y, sin embargo, haya tan pocas personas que lo practiquen con suficiente intensidad y frecuencia como para disfrutar de esos beneficios.

 

El hecho de que una persona reconozca como adecuada la práctica de actividad física para la salud no constituye un factor decisivo para que realice la misma, tal y como demuestran los estudios sociológicos realizados en adolescentes y adultos, los cuales relacionan la práctica de actividad física con una mejor salud, pero la mayoría son sedentarios (Casimiro, 1999; Mendoza y cols., 2000).

El problema surge por cuanto los perjuicios del sedentarismo son dilatados en el tiempo, y una persona no es consciente de aquellos hasta que los sufre directamente. De hecho, muchas personas adultas se incorporan a programas dirigidos o autónomos de ejercicio físico en base al modelo de creencias en la salud o al de autoprotección, donde la motivación para realizar la actividad es el riesgo de padecer una enfermedad o la presencia de alguna patología que disminuye su calidad de vida. Estos modelos no se presentan en los adolescentes al no padecer grandes enfermedades que disminuyan su calidad de vida.
En cuanto al papel de las clases de Educación Física, desde un prisma fisiológico, con las dos sesiones semanales de esta asignatura no es suficiente para generar los procesos de supercompensación. Por tanto, el ejercicio físico realizado durante las clases obligatorias de Educación Física es insuficiente para el desarrollo de una condición física orientada hacia la salud (Sánchez Bañuelos, 1996).
 
Por ello, es preciso que exista una práctica extraescolar y extracurricular que permita alcanzar el volumen necesario para lograr los beneficios físicos y psico-sociales que se relacionan con el ejercicio físico. Esta práctica adicional debe ser promocionada desde las clases de Educación Física.
 
Es necesario que los profesionales de la actividad física y del deporte busquen y diseñen alternativas que permitan, dentro del escaso tiempo disponible, desarrollar hábitos de práctica de ejercicio físico. Sánchez Bañuelos (1996) indica que desde una perspectiva de Educación para la salud, uno de los propósitos más importantes y básicos de la Educación Física es desarrollar actitudes positivas hacia el ejercicio físico que generen la suficiente adherencia a la práctica del mismo.
 
En la línea de las consideraciones establecidas en los Reales Decretos 286/2007 y 291/2007, el área de Educación Física se plantea un triple objetivo en cuanto a la salud:
 
1. Generar actitudes positivas hacia el ejercicio físico (Carácter actitudinal).
 
2. Dotar al individuo de una operatividad motriz básica (Carácter procedimental).
 
Sánchez Bañuelos (1996) acuña el concepto de umbral mínimo de adaptación física para el disfrute al considerar que para disfrutar de una actividad hay que tener un nivel mínimo de condición física y habilidad para realizarla con éxito.
 
3. Dar a conocer y hacer comprender las características y efectos del ejercicio físico (Carácter conceptual).
 
El paso más importante en el proceso de creación de un hábito recae en generar actitudes positivas hacia la práctica. Para ello el énfasis debe recaer en la participación y el esfuerzo de los alumnos. De este modo, muchos más alumnos descubrirán que merece la pena realizar actividad física porque la han vivido como una experiencia positiva. No se trata de buscar rendimiento o superar unos niveles cuantitativos de actividad estimados a partir de unas tablas estadísticas. Tampoco de convertir la participación en un aversivo para aquellos alumnos menos capacitados y con menor habilidad motriz.
 
Si la práctica de ejercicio físico realizada genera una mayor sensación de bienestar puede contribuir a que se formen actitudes positivas hacia la actividad física, lo que puede afianzar los hábitos de práctica de ejercicio físico. Por el contrario, las actitudes negativas hacia la actividad física, provocan la ausencia de práctica de ejercicio físico, lo que genera un peor estado general de salud y bienestar (Sánchez Bañuelos, 1996).

Circuito positivo de retroalimentación (Sánchez Bañuelos, 1996)

Circuito negativo de retroalimentación (Sánchez Bañuelos, 1996)
 
 Las clases de Educación Física deben aportar al adolescente, por una parte, el disfrute necesario para desarrollar una actitud favorable hacia la práctica del ejercicio físico y, por otra, la exigencia necesaria en cuanto niveles de esfuerzo y dificultad, que resulten significativos para el alumno, y que le den una sensación de utilidad y aprovechamiento del tiempo (Sánchez Bañuelos, 1996). La autoestima percibida en las clases de E.F. está estrechamente relacionada con la práctica de ejercicio físico del adolescente. El agrado y el afecto que tienen los alumnos hacia la clase de E.F., están estrechamente relacionados con la cantidad de práctica (Casimiro, 1999).
 
Sin embargo, los datos de García Ferrando (1993) indican que para la mayoría de los jóvenes (67%), las clases de Educación Física fueron poco o nada divertidas. Sánchez Bañuelos (1996) encontró que sólo el 8% de los jóvenes se considera muy satisfecho con las clases de Educación Física recibidas. Casimiro (1999) también encuentra que en secundaria aumenta considerablemente el porcentaje de adolescentes que no se sienten satisfechos con sus clases de Educación Física respecto a primaria.
 
Así pues, bajo esta perspectiva difícilmente se podría hablar de que la Educación Física está generando motivaciones intrínsecas, base de toda creación de hábitos de actividad física. Recogiendo los datos de Casimiro (1999) y García Ferrando (1997) este sedentarismo es justificado por los adolescentes y adultos en base a una situación de falta de tiempo para realizar ejercicio físico, por no gustarle o no disfrutar durante su práctica, por la falta de instalaciones y por pereza, entre otras.
 
Lo que se pretende precisamente es capacitarlos o considerarlos capaces a todos ellos para realizar actividades físicas satisfactorias y agradables (Devís y Peiró, 1991). Este planteamiento se basa en el Modelo de Actividad Física para toda la vida, donde lo importante es que se generen hábitos cotidianos de práctica del ejercicio físico (Sánchez Bañuelos, 1996).
 
Sánchez Bañuelos (1996) encontró que el deporte tiene mayor significado y una valoración emocional más positiva que la Educación Física. Las connotaciones emocionales (agradable, divertido, bueno, etc.) que tiene el alumno sobre su propia práctica física son un factor más determinante para la misma que las connotaciones utilitarias (sano, útil, etc.) que ésta pueda tener. Por esta razón, el hecho de que una persona reconozca como adecuada la práctica de actividad física para la salud no constituye un factor decisivo para que realice la misma (Delgado y Tercedor, 2002).
 
Se ha demostrado que la predicción de modelos activos en el estilo de vida adulto pudiera hacerse a través de la participación deportiva durante la niñez y adolescencia, ya que al haber obtenido una óptima habilidad en estas primeras edades, se estimula el interés y participación para los periodos de vida posteriores (Casimiro, 1999).

INFORME SKIP

 
 Estudio sobre los hábitos deportivos de los niños españoles

 

 

APLICACIÓN EN ÁMBITO DOCENTE

 

Basándonos en Delgado y Tercedor (2002) y atendiendo a las posibilidades y necesidades de los alumnos para una correcta planificación de salud desde el área de Educación Física, sería necesario tener presente:

 

1) Creación de hábitos saludables.

 

1.1. Hábitos de trabajo durante una sesión, tales como estructuración lógica de la sesión de clase, evitar la realización de ejercicios desaconsejados (López Miñarro, 2000) y educar adecuadamente la respiración.

 

1.2. Higiene corporal de piel, manos, cabello, ojos, nariz, genitales y bucodental.

 

1.3. Higiene y actitud postural, basado en la adopción de posturas saludables, mediante un adecuado trabajo de elasticidad y fortalecimiento muscular, así como la toma de conciencia corporal (Rodríguez, 1998).

 

1.4. Hábitos alimenticios adecuados.

 

1.5. Conocimiento y aplicación de los primeros auxilios ante la aparición de un accidente.

 

2) Desarrollo de la condición biológica, en base al desarrollo de la condición física orientada a la salud que incluye el trabajo de las capacidades cardiovascular y respiratoria, fuerza y resistencia muscular, flexibilidad, así cono la composición corporal.

 

3) Correcta utilización de espacios y materiales.

 

3.1. Análisis crítico sobre el estado de instalaciones: vestuarios, patios, gimnasio y pistas (limpieza, ventilación, luz y estado de los materiales).

 

3.2. Utilización de un material adecuado.

 

3.3. Utilización de una vestimenta deportiva correcta: ropa, calzado…

 

Efecto de un programa de intervención basado en la expresión corporal sobre la mejora conceptual de hábitos saludables en niños de sexto curso