Desequilibiro organico por consumo de azucar

Cuando se dice que es importante el azúcar como componente esencial del cuerpo humano y la importancia que tiene éste como fuente de energía y su metabolización para producir calor, se está hablando de la glucosa, que nuestro propio cuerpo fabrica.

Los médicos y nutricionistas no hablan comúnmente acerca de la alteración emocional que es generada por el descenso de la glucosa en sangre.

Pero hay investigaciones que demuestran cómo el dejar el azúcar blanco y todas sus preparaciones, ayuda en el sentido de equilibrar la condición psicológica de la persona.

Según William Dufty:

En la antigüedad los médicos árabes y judíos consideraban al azúcar como un agitador cerebral.

Hoy los especialistas en endocrinología explican como ocurre esto:

El cerebro es el órgano más sensible del cuerpo. La diferencia entre sentirse animado o decaído, consciente o insano, calmo o irritado, inspirado o deprimido depende en gran medida de lo que llevamos a la boca.

Para la máxima eficacia de todo el cuerpo, del cual el cerebro es meramente una parte, la cantidad de glucosa sanguínea debe estar en equilibrio con la cantidad de oxígeno sanguíneo.

Tal como el Dr. E.M. Abrahamson y A.W. Pezet indican en Body, Mind and Sugar:

“Cuando el nivel de azúcar en la sangre es relativamente bajo, tiende a desvitalizar las células del cuerpo, especialmente las células cerebrales.

Esto se trata con una dieta.

¿Qué nos sucede cuando las células de nuestro cuerpo, especialmente de nuestro cerebro están crónicamente desnutridas?

Las células más débiles y más vulnerables son las primeras afectadas.

Cuando todo funciona bien, este equilibrio se mantiene con mucha precisión bajo la vigilancia de nuestras glándulas adrenales.

Cuando tomamos azúcar refinada (sacarosa), se convierte rápidamente en glucosa, por lo que escapa en gran medida al proceso químico en nuestro cuerpo.

La sacarosa pasa directamente a los intestinos, donde se convierte en glucosa pre digerida.

Esa a su vez es absorbida por la sangre, donde el nivel de glucosa ha sido ya establecido en un equilibrio preciso con el oxígeno.

De esta forma el nivel de glucosa de la sangre aumenta drásticamente.

Se destruye el equilibrio y el cuerpo está en crisis.

El cerebro es el primero en registrarlo. Las hormonas fluyen de las cápsulas adrenales y acaparan todo recurso químico para enfrentarse al azúcar: la insulina de los islotes endocrinos del páncreas trabaja específicamente para retener el nivel de glucosa en la sangre en una función antagónica complementaria a las hormonas de adrenalina que elevan el nivel de glucosa.

Todo esto ocurre a un ritmo de emergencia con resultados predecibles.

Demasiado rápidamente se va demasiado lejos.

Desciende el nivel de glucosa de la sangre y aparece una segunda crisis como consecuencia de la primera.

Los islotes pancreáticos tienen que cerrarse; lo mismo tiene que hacer algunas partes de las cápsulas de adrenalina.

Deben producirse otras hormonas de adrenalina para regular el reverso de la dirección química y elevar nuevamente el nivel de glucosa de la sangre.”

Todo esto se refleja en la forma como nos sentimos. Mientras la glucosa es absorbida por la sangre, nos sentimos animados. Sin embargo, a este impulso energético sucede una depresión, cuando la glucosa comienza a bajar, nos sentimos inquietos, cansados, necesitamos hacer un esfuerzo para movernos o incluso pensar, hasta que se eleva de nuevo el nivel de glucosa.

Podemos estar irritables, un manojo de nervios, alterados. Si continuamos consumiendo azúcar una nueva crisis empieza antes de terminarse la anterior. Tras varios años con días así, el resultado final son glándulas adrenales enfermas. La producción de hormonas en general es baja, las cantidades no se amoldan. La alteración funcional, desequilibrada, se refleja en todo el circuito endocrino. Muy pronto el cerebro puede encontrarse en dificultades para distinguir lo real de lo irreal.

Cuando el estrés se interpone en el proceso, nos desmoronamos porque no tenemos ya un sistema endocrino sano para enfrentar cualquier contingencia.

Día a día nos encontramos con una falta de eficacia, siempre cansados, nada logramos hacer.

Realmente sufrimos de la enfermedad SUGAR BLUES.

Miembros de la profesión médica que han estudiado esta situación notan que “puesto que las células cerebrales dependen totalmente de la tasa de azúcar en la sangre en cada momento para alimentarse, son quizá las más susceptibles de sufrir daños.”

Hoy los pioneros de la psiquiatría ortomolecular, los doctores A.Holfer, Allan Cott, y A. Cherkin, así como el Dr. Pauling, han confirmado que la demencia mental es un mito y que las perturbaciones emocionales pueden ser meramente el primer síntoma de una evidente incapacidad del sistema humano para sobrellevar el impacto de la dependencia al azúcar. La investigación clínica de niños hiperactivos y psicóticos y de otros con lesiones cerebrales e inhabilidad para aprender, indica: Una familia cuyo historial de diabetes es anormalmente elevado (significando que tanto padres y abuelos no pueden soportar el azúcar), una desusada alta incidencia de baja glucosa sanguínea o hipoglucemia funcional en los mismos niños, indican que sus sistemas no pueden procesar el azúcar; y una dependencia por un alto nivel de azúcar en las dietas de los propios niños que no pueden asimilar. Los estudios del historial diario de los pacientes diagnosticados como esquizofrénicos, revelan que la dieta por ellos elegida es rica en dulces, azúcar, pasteles, café, bebidas cafeínadas y comidas preparadas con azúcar.

Estos alimentos que estimulan la adrenalina deben ser eliminados o severamente restringidos. (Enfoque ortomolecular al tratamiento de la incapacidad del educando) sinopsis del artículo reproducido por el Instituto Hexley, para la investigación Biosocial, Nueva York. En la década de 1940 el doctor John Tintera volvió a descubrir la importancia vital del sistema endocrino, especialmente las glándulas adrenales en la mentalidad patológica o enfermedad mental. Tintera publicó varios informes médicos, cruciales en su época. Una y otra vez enfatizaba que la mejora, alivio, o cura dependía del restablecimiento de la función normal del organismo total. Su primera prescripción era la dieta. Estableció una prohibición permanente y tenaz contra el azúcar, en todas sus formas y aspectos.