Física Cuántica y Experiencia Sensorial

Me gusta aprender de todo lo que me pasa en mi vida porque creo que cada circunstancia, cada momento, cada instante vivido es una buena oportunidad para crecer.

La vida esta hecha de momentos, de segundos, de minutos que podemos saborear con intensidad, cada experiencia es única e irremplazable.

Nuestro 5 sentidos son la puerta de entrada a todas esas experiencias, desde la experiencia más dolorosa, hasta la más satisfactoria, ¡todo es necesario para nuestro crecimiento! La pregunta es obvia ¿Cómo enfrentar todas estas situaciones?

A esa pregunta tenemos que dar una respuesta y quisiera darla desde la “física cuántica” que es una nueva manera de percibir las cosas.

Quisiera comentar que esta nueva visión de la vida da lugar a muchísimas “interpretaciones de la vida” pues si hemos de moldear nuestra existencia conforme a nuestros pensamientos “cada cual puede dirigir su vida de la forma que interprete su realidad

La mente es “maravillosa” es un instrumento perfecto y valiosísimo que tiene como objetivo el raciocinio, el pensamiento… y que bien utilizado tiene infinitas ventajas.

La otra cara de la moneda es entrar en un bucle de identificación personal con la mente, en el que poco a poco uno se olvida de sentir.


Más allá de la mente está el “espíritu” que podríamos definir como los “sentidos” y más allá del “espíritu” esta “Dios” el creador de los “espíritus” y el guiador de nuestras “almas” ¡que creas o no en Dios! La realidad es que hay un “más allá” que la ciencia no puede definir.


En todas las culturas está la “búsqueda del más allá” la interconexión del “espíritu” con “el ser Supremo” lo que llamamos hoy día “física cuántica” y es que es un mundo apasionante que fusiona la ciencia con la “espiritualidad


Yo siempre he creído que “razón y religión” nunca han estado negadas y que la “fe” es cuestión de “raciocino” y de “sabiduría” es decir las “neuro-conexiones” del alma con el cuerpo.


Nuestro ritmo de vida está dominado por la mente y en muchas ocasiones el cuerpo es considerado bien como un simple instrumento que obedece los dictados de la mente bien como el resultado de horas de ejercicio, sol y cuidados estéticos.

El cuidado del cuerpo y de la mente está intrínsecamente unido, son un tándem inseparable.

Cuando funcionan, son un sistema perfecto… pero tan pronto descuidamos nuestros pensamientos, nuestra dieta o nuestro ritmo de vida el equilibrio se trunca y puede aparecer el malestar, el cansancio o la enfermedad.

Por ejemplo hoy día me he tenido que quedar en casa por prudencia, entreno 6 días a la semana y no dejo mi cuerpo descansar, pero el cuerpo me habla , me lanza mensajes y hay que saber escuchar su cuerpo.

La mente conectada con el cuerpo debe percibir estos mensajes, y el mensaje de hoy es ¡cuidado Josu! Si entrenas más fuerte y no me cuidas ¡me voy a debilitar y voy a enfermar!

Así que mensaje ¡captado!

Stop, hoy no hay sesión de spinning y hay descanso todo el fin de semana.

El cuerpo habla, el cuerpo se expresa.

Nos pide a gritos un descanso, un parón, un “desconectar de la mente” para conectar con la esencia, con quienes somos realmente.

Ese aviso a la desesperada se produce, en última instancia, a través de la enfermedad, entendida ésta como “ausencia de salud”.


Según dispone la Constitución de 1946 de la Organización Mundial de la Salud, podemos definir la “salud” como “el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones y/o enfermedades.. También puede definirse como el nivel de eficacia funcional y/o metabólica de un organismo tanto a nivel micro (celular) como en el macro (social)”.


Así que atención con lo que nuestro cuerpo nos dice, nos habla…

Cuando nuestro cuerpo se expresa en forma de enfermedad, es cuando nos preocupamos, vamos al médico y nos recetan medicamentos, si bien esa situación es el resultado de meses o años de estrés, angustia y acumulación de toxinas.

Es en ese momento, cuando entonces nos angustiamos al ver que ese malestar afecta a nuestra rutina, rompe nuestros esquemas e imposibilita o dificulta el llevar a buen puerto nuestros planes y objetivos.

Porque en el fondo vivimos como si no fuéramos a morir nunca.

Por eso, una vez que el cuerpo da la señal de alarma hay que ponerse manos a la obra….y para los que todavía no estén en la fase en la que el cuerpo “habla”, pues mejor que mejor.

Pueden tomar conciencia de su cuerpo y descubrir a través de él el bienestar y la salud de forma preventiva.

¿Y cómo iniciamos el cuidado corporal?

¡preocupándonos por nuestra salud integral!

Desde la aportación de los nutrientes a través de la alimentación, a lo que hay que añadir la respiración (tanto la calidad del aire como la forma de respirar) y la luz solar.


Una dieta abundante en frutas y verduras, cereales y arroz integrales, pescado azul y proteínas de origen vegetal acompañadas de aceite de oliva, frutos secos y cantidades razonables de carne y otras proteínas de origen animal se configura como una buena base para una buena salud.


Pero no es suficiente.

También es importante hacer ejercicio semanalmente, cada uno adaptándolo a su estilo, posibilidades y ritmo de vida.

Pese a todo, tampoco es suficiente.

Nuestro cuerpo almacena toxinas, las cuales provienen tanto de la propia alimentación (residuos de pesticidas, y otros productos químicos utilizados en el proceso de cultivo y alimentación de animales) como del aire que respiramos.

Hasta aquí nada nuevo.

Pero junto a este tipo de toxinas encontramos las toxinas emocionales: aquellas que crea nuestra propia mente y que se van acumulando en el cuerpo en forma de retención de líquidos, contracturas musculares, espasmos nerviosos, ansiedad, etc.

Es ahí donde debemos estar muy atentos.

Cada ser humano debe tomar conciencia de la necesidad de iniciar ese camino de introspección, de la forma y el modo que más le satisfagan.

Hay personas que quizá no sientan la necesidad de parar, por no detectar la ansiedad, con sus problemas de insomnio, palpitaciones, problemas digestivos derivados del estrés.

Quizá haya personas que no perciban la necesidad de respirar profundamente, mirar a su alrededor y observar su entorno, tomar contacto con la naturaleza o simplemente disfrutar de un buen libro.

Sin embargo muchas personas, y cada vez más, acuden a la consulta del médico con una sensación de malestar general, insomnio, nerviosismo, trastornos del estado de ánimo, dolores difusos.


Es importante saber detectar estas cosas porque nos cuerpo nos habla, de la misma manera que siento hoy la necesidad de parar mis entrenamientos porque me siento débil y sin fuerza.


Es que no siempre somos conscientes, de las sensaciones y emociones que pueden estar haciéndonos sufrir.

Es un hecho que el ser humano, aunque hable con frecuencia de las emociones e incluso de sus propias emociones, no sea consciente en la mayoría de las ocasiones de que las siente o de que éstas repercuten en su estado anímico y en su vida de relación.

Las emociones son ciertas reacciones de índole tanto psicológicas como fisiológicas, que plasman la adaptación del individuo ante ciertos estímulos (recuerdos significativos, vivencia de un suceso, percepción de lugares, objetos o personas).

Psicológicamente, las emociones influyen en la atención y en las respuestas del individuo, así como también, fisiológicamente, modulan una batería de respuestas biológicas que van desde el lenguaje verbal y no verbal hasta manifestaciones del sistema nervioso autónomo como la frecuencia cardíaca y respiratoria, la salivación, la contracción de los músculos de fibra lisa (digestivos, urinarios, respiratorios), la sudoración, la dilatación de las pupilas o la rubefacción facial entre muchas otras respuestas de nuestro organismo.

Nuestra visión del cuerpo debería cambiar hacia la de un ser compuesto de millones de células que se comunican entre sí para actuar como un todo, nuestro cuerpo es como una comunidad de vecinos o los habitantes de una ciudad.

Los ciudadanos usamos internet, el lenguaje oral, las cartas, los mensajes, el tacto para relacionarnos y coordinarnos entre nosotros.

El cuerpo utiliza otro tipo de mensajes o lenguaje para coordinar el funcionamiento.

Este leguaje lo componen todas estas sustancias (hormonas, neuropéptidos, neurotransmisores, citocinas, peptidos digestivos, endoteliales y otros cientos que se van descubriendo continuamente).

Cada una de ellas tiene un significado para la célula «hola estoy cansad@«, «me hace falta más agua«, «tengo demasiado estrés«, «necesito un descanso«, «tengo hambre«, «estoy deprimido«, «he comido mucho azúcar«, «necesito dormir«, «a la carga que nos atacan«, «esta situación no me conviene» o «esto está demasiado sucio, necesitamos limpiar«… hay que estar atentos a los mensajes que envía el cuerpo cuando tenemos síntomas y enfermedades.

Aquí entramos en un mundo complejo entre Psique (mente, emociones y percepciones) – Neuro (sistema nerviso) – Endocrino – Inmunologia, todo interconectado para producir salud o enfermedad.

Aunque es muy complejo, lo que es bastante evidente, es que una vida en continuo estrés y los pensamientos y las emociones «negativas» deterioran el funcionamiento inmunitario global, y una vida mental y emocional equilibrada, vida activa pero relajada, el pensamiento positivo y las buenas relaciones sociales, mantiene el sistema inmune en condiciones óptimas de funcionamiento.

En la interacción inmunoendocrina es donde las relaciones son más claras y directas.

Siendo simplista y sin ser del todo exacto, por ejemplo (hay muchos mas ejemplos):


El estrés agudo puede hiperactivar la respuesta inmune por medio de las catecolaminas que libera el sistema nervioso vegetativo a las galndulas suprarenales. Si estamos ansiosos nuestros linfocitos también se «estresan» y empeoran algunas enfermedades autoinmunes, las alergias o el asma


El estrés crónico deprime la inmunidad a través de las secreción de cortisol (corticoides del propio cuerpo), nuestros linfocitos se «deprimen» dejando de realizar bien su función, haciéndonos más propensos a catarros, infecciones o a desarrollar algunos tipos de cánceres.

El sueño y los ritmos de vida sincronizados con el día y la noche son imprescindibles para un buen funcionamiento del cuerpo.

La melatonina parece que mejora de la respuesta inmune y contrarresta en parte el efecto inmunosupresores del envejecimiento, de los corticoides, del estrés.


«El cuerpo grita que hay que cambiar algo» o «Mi enfermedad soy yo» no todos los tipos de estrés afectan por igual.


El estrés laboral y el consecutivo a relaciones personales afecta más a la respuesta inmune que otros tipos de estrés, así como las situaciones de estrés mantenidas más de 1 mes favorecen más las infecciones víricas y bacterianas que las que duran menos.

Las personas con un buen apoyo social, la misma situación del estrés les afecta mucho menos que aquellas que no lo tienen.

Nuestra mente y nuestras emociones influyen irremediablemente en la salud de nuestro cuerpo y en su capacidad para enfermar y recuperarse.

Mente y emociones influyen en el cuerpo a través del sistema nervioso vegetativo y de las secreciones hormonales, y éstos sobre el sistema inmunitario modulando su respuesta.


Las enfermedades son el resultado de un desequilibrio a nivel bio-psico-social-medioambiental y han de verse como un aviso del cuerpo de que hay que cambiar algo en nuestra vida.


Nuestra mente se comunica con nuestras células, nuestras células se comunican entre sí y con nuestra mente.

Los síntomas nos ayudan a tomar conciencia para iniciar un cambio en nuestra vida.

Si no les hacemos caso, seguiremos enfermando.

La psicoterapia para enfermedades funcionales puede aportar más beneficios que los tratamientos farmacológicos.

También como complemento de tratamientos de otras enfermedades como algunas autoinmunes o el cáncer pueden ser beneficiosas.

¡Hablaremos más de estos asuntos!