VIOLENCIA DE GÉNERO Y/O VIOLENCIA INTERFAMILIAR

La gran magnitud de la violencia contra las mujeres y/o los hombres llevó a que la Organización Mundial de la Salud la declarara como un problema prioritario en salud pública.

Según los datos de la macro encuesta realizada por el Instituto de la Mujer en 1999, este problema está afectando en España a una de cada 7 mujeres y da lugar a más de medio centenar de muertes cada año.

Este post  tiene como objetivo dar una visión del origen del maltrato de sus causas, las consecuencias en la salud y su impacto en los servicios sanitarios.

Se analiza por qué las mujeres y/o los hombres maltratad@s, a pesar de su alta prevalencia, no son reconocidas habitualmente por los profesionales sanitarios, tanto en las consultas como en los servicios de urgencias.

Se revisan las acciones que se han puesto en marcha en los últimos años en España desde la Administración sanitaria.

Se proponen algunas recomendaciones respecto a las políticas sanitarias y sociales, el papel de los profesionales y la formación e investigación necesarias para avanzar en la erradicación de esta lacra social.


Concepto y tipos de violencia

Habitualmente, cuando pensamos en la violencia contra las mujeres la limitamos a la violencia física grave (palizas, agresión con armas, muerte).

Sin embargo, la violencia comprende también el maltrato psicológico, sexual, de aislamiento y control social, que suelen pasar mucho más desapercibidos, así llamadas “Micro violencias o Micro machismo”

Según la definición de la ONU1, la violencia de género  es «cualquier acto o intención que origina daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a las mujeres y/o los hombres.

Incluye las amenazas de dichos actos, la coerción o privación arbitraria de libertad, ya sea en la vida pública o privada»


Estas conductas violentas incluyen 4 aspectos:

  1. El control de los movimientos o la restricción de su acceso a la información o la asistencia (impedirle estudiar o trabajar, control económico, etc.), así como el aislamiento de su familia o amigas/os y de otras relaciones sociales
  2. Las relaciones sexuales sin consentimiento o forzadasEl maltrato psicológico, que comprende la desvalorización, la intimidación, el desprecio y la humillación en público o privado, y los actos físicos de agresión (p. ej., empujones, pellizcos, bofetadas, golpes, patadas, palizas, etc.).

Habitualmente, coexisten diferentes tipos de violencia en una misma relación de pareja, tanto mujeres como hombres sufren este tipo de maltratos, aunque en su gran mayoria corresponde al sexo femenino.

En muchas ocasiones, el maltrato comienza con conductas de control y desvalorización.

Más adelante, es frecuente el maltrato sexual y si no se logran los objetivos de obediencia y sumisión , suele pasarse al maltrato físico.

Es decir, la violencia contra las mujeres y/o los hombres no es un acto puntual, sino un proceso que se va instaurando y cronificando en el tiempo, por lo que es necesario detectarlo precozmente y prevenir su desarrollo, mantenimiento y secuelas.


Origen y factores de riesgo de la violencia de pareja

La violencia tiene hondas raíces sociales y culturales y se basa en la creencia ancestral que la pareja o el coyungue es una propiedad, quien puede tratarla como juzgue adecuado.


Está vinculada al desequilibrio en las relaciones de poder entre hombres y mujeres en los ámbitos social, económico, religioso y político, pese a los indudables avances en las legislaciones nacionales e internacionales a favor de la igualdad de derechos.


Poco a poco, se va perfilando diferentes factores de riesgo que dan lugar a la violencia.

Sobre la base de una organización social basada en la desigualdad y el dominio que acepta la violencia como forma de resolver los conflictos, existiría una serie de factores que interactúan y que pueden favorecer la violencia o proteger frente a ella

Los estudios indican que suelen coexistir la violencia física, la psíquica y la sexual, aunque apenas hay trabajos sobre estas dos últimas.

Los estudios cuantitativos se han centrado sobre todo en la violencia física, que es más fácil de medir y conceptualizar.

Sin embargo, los escasos estudios cualitativos realizados muestran que para muchas mujeres el maltrato psíquico y la degradación son tanto o más intolerables, y con consecuencias en la salud y el bienestar similares a las de la violencia física.

La macro encuesta muestra que la violencia se produce en todas las clases sociales, niveles económicos y educativos, y tanto en el ámbito rural como urbano.

Afecta a mujeres de todas las edades; las cifras más elevadas se dan en mujeres de 44 a 64 años y se produce un aumento con la edad.

Es más frecuente que las mujeres maltratadas tengan un menor nivel educativo.


La encuesta señala que los malos tratos son conductas arraigadas y constituyen una forma de relación que persiste en el tiempo: 3 de 4 mujeres declaran que hace más de 5 años que sufren conductas violentas, y la media de número de años de convivencia es mayor de 20.


Los hombres que posiblemente ejercen violencia no presentan ninguna peculiaridad respecto a la edad, el nivel educativo o la situación laboral.

No es mayor la incidencia de paro, ni hay diferencias en los ingresos económicos.

Solamente se detecta un menor nivel educativo entre los hombres que maltratan, aunque la violencia se da en todos los niveles.

Asimismo, se encuentra una cierta relación con el alcohol.

Un 37% de las mujeres que declaran malos tratos manifiesta que su pareja bebe o bebía demasiado.

La macro encuesta muestra que muy a menudo los procesos de ruptura originan más violencia.

Un 26% de las mujeres que se separaron sufrieron amenazas y un 19% refiere que sufrió acoso.


Consecuencias de los malos tratos en la salud de las mujeres

Durante los años ochenta y noventa se han llevado a cabo investigaciones que demuestran que el hecho de estar sometida a una relación de violencia tiene graves consecuencias en la salud de la mujer, a corto y a largo plazo.


La mujer y/o los hombres maltratados presenta numerosos síntomas físicos y psicosomáticos, síntomas de sufrimiento psíquico (disminución de su autoestima, ansiedad y depresión, fundamentalmente), además de las lesiones físicas.


El estrés crónico que implica el maltrato favorece la aparición de diferentes enfermedades y empeora las existentes.

Es decir, los síntomas físicos, que muchas veces son crónicos e inespecíficos (cefaleas, cansancio, dolores de espalda, etc.), aparecen entremezclados con los psíquicos.


Impacto de la violencia en los servicios de salud

Las mujeres y/ o los hombres víctimas de violencia acuden más a los servicios sanitarios que las demás13-20.

Algunos estudios realizados en diferentes países muestran que un porcentaje importante de las mujeres y/o los hombres que acuden a los servicios de atención primaria, salud mental, traumatología y de urgencias están sometidas a violencia por su pareja.

En España, en un estudio reciente, realizado en un centro de salud de Granada, se indica que un 22,8% de las mujeres que habían acudido a consulta habían sufrido algún tipo de maltrato; de ellas, el 43,3% lo había sufrido durante más de 5 años6.

Diversas investigaciones también muestran que las mujeres sometidas a violencia no sólo acuden más a los servicios sanitarios, sino que se someten más a cirugía, prolongan más su estancia hospitalaria y consumen más fármacos, incluso tras efectuar un control de los posibles factores de confusión


Falta de detección de la violencia en los servicios sanitarios

En la mayoría de las ocasiones, los profesionales de salud no detectan que el origen de los síntomas o signos reside en la situación de violencia a la que están sometidas las pacientes.

Existen barreras psicológicas y culturales que dificultan que tanto hombres como mujeres matratad@s hablen del tema, y falta formación y tiempo en dichos profesionales

En España, apenas disponemos de estudios sobre estas cuestiones.

No obstante, destacamos un estudio cualitativo sobre las actitudes y conductas de la profesión médica en los centros de atención primaria y de urgencias, realizado en Córdoba.


Algunas de sus conclusiones son:

  1. Las mujeres médicas tienen una mayor sensibilización y actitud empática hacia la mujer maltratada;
  2. Existen prejuicios en las/los profesionales de salud que limitan la capacidad de detección y abordaje de la mujer maltratada;
  3. Hay una demanda importante de formación específica sobre el maltrato entre las/los profesionales de medicina.

 

Hasta el momento, la formación sobre el problema de la violencia contra las mujeres se ha dirigido, sobre todo, a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado (policía, servicios jurídicos) y a los servicios sociales (acorde con la necesidad de atender los casos más graves de violencia física).

Sin embargo, apenas se han destinado recursos a la formación de profesionales de los servicios de salud y educativos, según la Memoria de la Comisión técnica Interautonómica e Interministerial

Actualmente, la atención a la mujer maltratada no está aún prevista como actividad normalizada del sistema público de salud.

Para ello es necesario, en primer lugar, la sensibilización y la responsabilización de la Administración sanitaria a sus diferentes niveles.

La tarea fundamental del personal sanitario no es tanto dar consejo sino ofrecer escucha y apoyo a mujeres y derivar y coordinarse con otros servicios de atención al maltratado.


Conclusiones

Problema de salud pública. La violencia de genero por sus parejas podría estar afectando al menos a una de cada 7 mujeres en España y da lugar anualmente a más de medio centenar de muertes.

Múltiples facetas. La violencia incluye no sólo las agresiones físicas, sino también el maltrato psíquico y sexual, que habitualmente pasan desapercibidos en los servicios asistenciales.

Invisibilidad. Los problemas de salud derivados de dicha violencia no son reconocidos habitualmente por las/los profesionales sanitarios. El abordaje eminentemente fisica de la atención médica, la falta de tiempo y de formación específica son obstáculos para su detección y abordaje adecuados. Las propias vicitmas también presentan dificultades para relacionarlos y hablar de ello con las/los profesionales sanitarios.

Servicios sanitarios clave. Los centros de salud, los servicios de planificación familiar, salud mental y urgencias pueden ser lugares privilegiados para la prevención, la detección precoz y la atención del o de  la maltratad@.

Recomendaciones

Es necesario llevar a cabo un Programa de salud integral contra la violencia que sea multidisciplinario y que tenga prevista su evaluación.

Para ello, es preciso asegurar el compromiso y el apoyo de los responsables de las políticas de salud, la designación de un responsable en las diferentes y la liberación de presupuesto para el mismo.

Este Programa debe entenderse como respuesta a un problema prevalente de salud y debe ser incluido en los Planes de Salud, para fijar su estrategia de intervención y evaluación, a nivel estatal.

Debe contemplar la coordinación con los sectores educativos, los servicios sociales y los servicios jurídicos y policiales (la experiencia internacional demuestra que los programas que se realizan en un solo sector tienen resultados muy limitados), así como la participación de las asociaciones de mujeres

Es preciso fomentar la investigación sobre la violencia de género, tanto la realización de estudios para avanzar en la comprensión de la violencia y su impacto en la vida, la salud y el bienestar de las mujeres, como estudios que evalúen las intervenciones realizadas (incluida la económica)

Finalmente, debe incluirse la violencia de género en los programas de formación de los profesionales. No debe ser tanto una formación clínica sino vivencial, dirigida al análisis y la reflexión sobre las propias actitudes, las creencias y los prejuicios, que muchas veces permanecen ocultos.

Es imprescindible el uso de la metodología grupal y participativa que incluya el aprendizaje de la entrevista psicosocial y, fundamentalmente, la adquisición de ciertas habilidades, como la acogida, la escucha y la contención.

Además, debe tenerse en cuenta la perspectiva de género en la comprensión de la salud y la enfermedad