LA DIMENSÓN DEL VERDADERO AMOR

Hoy es el día de los enamorados, un día socialmente muy reconocido pero poco conocemos del amor verdadero.

Abrir el corazón para dejar fluir el amor auténtico, que proviene de nuestra esencia espiritual, implica tener una actitud de bondad, de dar bien, de bien dar: desear el bien y bienestar en pensamientos para el bien, palabras para el bien, sentimientos para el bien, acciones para el bien, es decir con “buena voluntad.”

Amar auténticamente es desarrollar deliberadamente la capacidad de dar; es tomar consciencia y responsabilidad sobre este aprendizaje que trasciende el deseo de dar y se convierte en una acción manifestada.

Pero al alimentar la actitud de desear el bien, desear lo bueno, pensar lo bueno, desear bienestar, paz y felicidad, construir bienestar además de desearlo y “a pesar de todo”, requiere de aprender a vivir en una actitud amorosa como forma de vida.

Y esto significa que para lograrlo hay que ir más allá de nuestro egocentrismo y ver más allá de nuestros estados emotivos y pensamientos pasajeros que nos hacen permanecer en el espejismo de que somos el centro del Universo y de que los otros existen para complacer y llenar nuestros vacíos e inseguridades, lo cual solo perpetúa nuestras relaciones codependientes e insanas con personas y objetos, bloqueando nuestra verdadera evolución.


El crecimiento del amor auténtico, implica la acción de decidir “aprender a amar” y a la vez,  reconocerse limitado para lograrlo con tan solo los recursos que se tienen como ser humano, pues tarde o temprano comprenderemos que necesitamos de buscar la conexión con la Fuente del Amor para poder realmente ser canales de ese amor auténtico.


A veces, no es fácil que surja el deseo de que tengan bienestar los que nos han herido, y hay que saber que lograrlo es un proceso que toma su tiempo, incluso a veces largo, pero posible.

Sentimos generalmente, una gran distancia entre nuestra alma y nosotros, nuestro corazón adormecido, pero quizás todo esto sanaría si abriéramos nuestro corazón al perdón; el perdón sobre lo pequeño, sobre lo grande, tanto hacia nosotros mismos como hacia los demás.

Y ¿cómo llenar el corazón de suficiente amor?, ¿cómo conectar, contener, sostener y alimentar ese amor comprensivo, ecuánime, perdonador, alegre y luminoso?

Quizás antes que nada, rompiendo y trascendiendo nuestros paradigmas condicionantes, nuestras ideas o creencias rígidas.

Esas ideas que nos impulsan a creer que no podemos esperar dejar fluir al amor en nosotros hasta que los otros cambien, hasta que nosotros cambiemos, hasta que no hayan problemas, hasta que no hayan errores, hasta que maduremos completamente, hasta que aceptemos todo lo que no entendemos, hasta que logremos desapegarnos de todo impulso por controlar, manipular o poseer todo lo que nos rodea, hasta que recibamos todo lo que queremos, hasta que seamos mucho mejores personas, hasta que todo sea perfecto, hasta que, hasta que…”

La verdad es que hoy, aún con toda nuestra imperfección y la de los otros, y con todo lo que aún no comprendemos, esta es la hora de amar con bondad, con generosidad y en luz, pues así es como creceremos, maduraremos y cambiaremos y los otros también.

Nuestra calidad de vida y la de los otros mejorará como resultado del ejercicio del amor auténtico.

Empecemos hoy con humildad a dar pasos en el ejercicio del amor, pues si no es hoy, ¿cuándo será?


Nuestra sociedad nos invita a amar desde la expectativa del amor romántico que es pasajero, que su objetivo se centra más en “recibir” y que interrumpe el flujo del amor por cualquier frustración que aparece en el camino. Estamos bombardeados por todo para buscar las satisfacciones temporales y superficiales, viendo por lo urgente y dejando en el olvido lo que es importante, lo que es trascendente.


Quizás por eso nuestra sociedad experimenta hoy un vacío que ha hecho crecer como nunca las estadísticas de enfermedades y perturbación, reflejo de la ansiedad y depresión que produce este vacío de Amor. Gran parte de la población mundial está enferma, desamparada, desolada, abandonada, enojada, viviendo en adicción y tristeza por falta de amor.

Vinimos a la Tierra a aprender a amar y generalmente estamos distraídos de nuestro mayor propósito y justificamos nuestra falta de compromiso con un sin fin de quejas y pretextos que bloquean nuestro crecimiento.


El amor auténtico se renueva una y otra vez, no es transitorio, y todos necesitamos experimentar la confianza  profunda que es resultado del amor auténtico, basado en la transparencia y la cooperación a favor del bienestar real de todos.


No obstante de todo lo que podríamos considerar negativo, somos una generación nueva, de seres que, a pesar de la crisis demográfica, ecológica, económica, política, religiosa, educativa, social, familiar y global en que vivimos, vamos creciendo en la visión de sabernos conscientes de nuestra libertad  y de los recursos que tenemos para aprender cualquier cosa que nos propongamos.

Y en este crecimiento de consciencia sobre las posibilidades de nuestro libre albedrío es que se puede generar la transformación de las diferencias que nos separan provocando guerras que alimentan el sufrimiento presente y futuro.


¿Cómo lograrlo?

Es indispensable, que hoy coloquemos entre nuestras metas prioritarias la meta de aprender a amar, aprendiendo a escuchar y a abrir el corazón, a sanar las heridas del pasado que nos impiden amar hoy y fortaleciendo nuestro interior, para facilitar que el amor espiritual se manifieste a través de nosotros en un modo más paciente, responsable, compasivo, bondadoso, generoso, dulce, fuerte, sereno, alegre, sincero y entregado…

Sumerjámonos hacia adentro, respirando en silencio, para llegar a ese espacio interior que nos permite escuchar la voz del corazón y del alma; es en esa experiencia cuando se enciende la luz de la chispa que habita en nosotros, cuando nos conectamos con la Fuente de todo lo que puede iluminar, transformar, sanar, renovar, fortalecer y alegrar nuestra existencia.

Pues para ser un canal de amor, debemos desarrollar serenidad, resistencia, flexibilidad, paciencia y sobretodo humildad.

Y como contenedores del amor, debemos cuidar y alimentar el cuerpo, la mente, el corazón y nuestra alma con buen alimento.

¿Quieres abrir tu corazón al amor?