PILARES DE LA RESILENCIA

PILARES DE LA RESILIENCIA
 
INTROSPECCIÓN: Es el arte de preguntarse a sí mismo y darse una respuesta honesta
 
INDEPENDENCIA: Se define como el saber fijar límites entre uno y el medio problemático , la capacidad de mantener distancia emocional y física sin caer en el aislamiento.
 
• CAPACIDAD DE RELACIONARSE: Habilidad para establecer lazos e intimidad con otras personas, para balancear la propia necesidad de afecto con la actitud de brindarse a otros.
 
INICIATIVA: Significa el gusto de exigirse y ponerse a prueba en tareas progresivamente más exigentes
 
HUMOR: Aprender a encontrar lo cómico en la propia tragedia.
 
CREATIVIDAD: Capacidad de crear, orden belleza, y finalidad a partir del caos y el desorden.
 
MORALIDAD: O sea la consecuencia para extender el deseo personal de bienestar a toda la humanidad y la capacidad de comprometerse con valores. Este elemento ya es importante desde la infancia, pero sobre todo al pasar los 10 años.
 
• AUTOESTIMA CONSISTENTE: Es la base de los demás pilares y es el fruto del cuidado afectivo consecuente del niño o adolescente por un adulto significativo.
 
ETICA: Conciencia y compromiso con uno mismo y la humanidad en la concreción de valores.
 
FUENTES INTERACITVAS DE LA RESILENCIA
 
Según Edith Grotberg para hacer frente a las adversidades, superarlas y salir de ellas fortalecido o incluso transformado, podemos tomar como factores de resiliencia de cuatro fuentes, que son :
 
1. TENGO
Personas alrededor en quienes confío y que me quieren incondicionalemnete
Personas que me ponen límites para que aprenda a evitar los peligros o problemas
Personas que me muestran por medio de su conducta la manera correcta de proceder
Personas que quieren que aprenda a desenvolverme sólo
Personas que me ayudan cuando estoy enfermo o en peligro o cuando necesito aprender
 
2. SOY
Una persona por la que otros sienten aprecio y cariño
Feliz cuando hago algo bueno para los demás y les demuestro mi afecto
Respetuoso de mí mismo y del prójimo
 
3. ESTOY
Dispuesto a responsabilizarme de mis actos
Seguro de que todo saldrá bien
 
4. PUEDO
Hablar sobre cosas que me asustan o me inquietan
Buscar la manera de resolver mis problemas
Controlarme cuando tengo ganas de hacer algo peligroso o que no está bien
Buscar el momento apropiado para hablar con alguien o para actuar
Encontrar a alguien que me ayude cuando lo necesito
Lo que aporta el concepto de resiliencia es entonces una mayor comprensión y conocimiento empírico de los factores que protegen al sujeto de los efectos deletéreos de las malas condiciones del ambiente humano y social que lo rodean y permite el diseño de métodos prácticos de promoción de dichos factores para asegurar un desarrollo favorable que prevenga la aparición de enfermedades físicas y/o mentales.
 
EN SÍNTESIS
 
La resiliencia es un llamado al cambio: de la pobreza, la depresión, la autoestima deteriorada, la ausencia de espectativas …
 
No la construye el sujeto por sí solo sino que se da en un contexto
 
La resiliencia es encontrar sentido de vida en cada circunstancia .
 
Y dirá Goethe: Toda situación es una oportunidad para algo
 
A lo cual agregaría Nietzsche: “quien dispone de un para qué es capaz de sobrellevar casi cualquier cómo”
 
La adversidad puede ser causa de mi destrucción o el trampolín a partir del cual crecer, todo depende de poder convertir la tragedia en un logro personal.
 
Por esto Jaspers afirma que las situaciones límite son un acicate para el hombre a través del cual, él decide en que tipo de persona habrá de convertirse .
 
UN SALUDO DE LUZ, PAZ y MUCHO AMOR POR DAR

LA FELICIDAD Y EL DOLOR

Hay una pensamiento totalmente distinto que no entendemos incluso que rechazamos de entender, durante siglo la medicina tradicional a tratado de luchar contra el dolor, hoy día vivimos en la cultura del “no dolor” como si rechazamos por completo aprender del dolor y nunca olvidéis que a más resistencia mayor dolor generamos

No quiero llegar mi pensamiento al extremo y al fanatismo, sin embargo creo que nos centramos demasiado en la felicidad como un estado físico óptimo de no dolor, pero la realidad es otra.


El dolor y el sufrimiento hacen parte de nuestras vidas, nuestros cuerpos se oxidan y se deterioran, terminamos nuestros días como un pensamiento que si en los más robustos llegan a prolongar sus días con todo su vida es pura molestia y dolor.


Gracias a los avances de la ciencia y la tecnología, vivimos en una época en la que parece que no tienen cabida el malestar y el dolor.

Y en parte es así, ya que por suerte no tenemos que enfrentarnos a los grandes desafíos que en otros momentos ha tenido que hacer frente la humanidad.

No obstante, ello nos puede transmitir el mensaje erróneo de que el dolor o el malestar es algo que siempre podemos evitar.

En muchas ocasiones, la negación o evitación del dolor es más dañina que el dolor en sí.

Si miramos a nuestro alrededor, vivimos en un mundo donde el dolor apenas tiene cabida; se nos transmite que el bienestar consiste en disfrutar de forma inmediata, cuando más mejor, sin tener ninguna dificultad ni contratiempo.

La sociedad actual llega a demonizar el sufrimiento como algo anormal.

Cuando el objetivo principal es “sentirse bien siempre” acabamos orientando nuestra vida únicamente hacia la búsqueda del placer y la evitación del dolor.

De este modo, la necesidad permanente de evitar el malestar y la de tener placer inmediato para vivir obligan a la persona a actuar de un modo que, paradójicamente, no le deja vivir.

Los días se reducen a hacer cosas para que desaparezca el malestar, llegándose a abandonar acciones que sí tendrían una función vital importante.

Aunque este patrón de conducta pueda resultar efectivo a corto plazo, en la medida en que consigue reducir o eliminar temporalmente el malestar, puede fácilmente convertirse en crónico, llegando a producir una limitación en la vida personal.

El caso es que este patrón negativo, lejos de solucionar el problema, está impidiendo acciones positivas, tendentes a la realización de la vida.

Imaginemos por ejemplo una persona que ha sufrido mucho en una relación sentimental y que ahora necesita estar completamente segura de que no será dañada para iniciar o mantener una relación personal.

Esta persona puede ver muy mermada su vida social y afectiva ya que la constante evitación del posible malestar acaba impidiendo toda opción de conexión íntima con los demás.

El control que ha llevado a cabo para evitar el malestar, al final acaba formando más parte del problema que de la solución.

Al enfrentarnos con situaciones que nos producen malestar o dolor, podemos distinguir entre dos fuentes diferentes de malestar: el malestar primario y el malestar secundario.

El primario sería aquel derivado directamente de la experiencia desagradable, el cuál es difícil (si no imposible) de evitar.

Por otro lado tendríamos el secundario, que está formado por todas nuestras reacciones habituales ante estas experiencias, como por ejemplo, la tensión, ansiedad, pensamientos negativos, etc.

Este segundo tipo de malestar es el que es verdaderamente dañino y el que identificamos como sufrimiento.

Sin embargo, este malestar secundario sí es evitable, a diferencia del primario.

De este modo, el sufrimiento es un fenómeno secundario, el dolor es primario.

El dolor es simplemente un hecho, el cual no juzgamos de manera emocional.

Simplemente, hay dolor, no es bueno o malo, sólo es.

No le damos valor, es simplemente un hecho.

Es evidente que cualquier persona desea evitar el malestar siempre que le sea posible. Por ello, si nos duele la cabeza tomamos un analgésico, sería absurdo no hacerlo.

El problema viene cuando tratamos de aplicar estos mismos principios a situaciones o condiciones que no son susceptibles de cambio, por ejemplo, una enfermedad crónica, un cambio vital importante, o los pequeños inconvenientes que se derivan del día a día.

En estos casos, debemos responsabilizarnos de nuestras acciones, pero partiendo de la aceptación de la realidad.

Por ejemplo, en el caso de una enfermedad crónica, no proporciona ningún beneficio el lamentarse de la enfermedad y sentirse desgraciado o desdichado por sufrirla (“por qué me sucede esto a mi”).

En este caso se hace imprescindible aceptar la enfermedad y responsabilizarse de llevar a cabo todas las conductas necesarias para nuestro autocuidado, así como todas las adaptaciones necesarias en nuestros hábitos.

Y es que el sufrimiento es el combustible de la sabiduría, y abre el camino hacia la felicidad.


La enfermedad, por ejemplo, puede ayudarnos a llegar a un entendimiento del significado de la vida, desarrollar una más profunda apreciación del valor y dignidad de la vida y, finalmente, gozar de una más satisfactoria existencia.


La salud no es simplemente la ausencia de enfermedad.

La verdadera salud es la voluntad de sobreponerse a cualquier adversidad y utilizar aun la peor de las circunstancias como trampolín para nuevo crecimiento y desarrollo.

Puesto de manera muy sencilla: la esencia de la salud es la constante renovación de la vida.

¿Es la salud un estado en que el cuerpo es simplemente libre de la enfermedad?

La buena salud es hacer acopio de una firme actitud para combatir enérgicamente cualquier amenaza maliciosa a nuestro bienestar.

Es, en esta inquebrantable resolución de luchar, desafiar, crea y avanzar incesantemente en la que encontramos el fundamento de una vida humana verdaderamente saludable.

Reflexionar sobre la propia vida, la salud, mental, espiritual, física, a eso nos lleva la enfermedad.

A entender mejor nuestro entorno, nuestras relaciones y lo que significa cada paso en nuestra vida.


Cuando leo: hacer frente a cualquier amenaza a nuestro bienestar”, no puedo menos que revisar mi propia actitud en este sentido y pensar si la “amenaza” puede provenir de una actitud o relación con el entorno que esté amenazando mi estabilidad emocional, mi relación con el propio medio ambiente, mi salud espiritual.


Porque la enfermedad más grave, es la del alma, es el sentimiento turbio que puede lacerar las fibras más finas de nuestro corazón y poner en riesgo toda una vida de esfuerzo en el camino espiritual, de aprendizaje, de lucha con el ego inferior.

Reconocer este punto y meditar sobre ello es de vital importancia.


Si se quiere mantener la salud física, es preciso mantener una armonía en el ser interior y su relación con el todo que lo rodea, pero también, la salud física es un aviso violento, a veces, de que la salud interior está deteriorada; es una llamada de atención, un aviso, y en este sentido, se debe agradecer para poder tener luz al respecto y atender los asuntos del espíritu, de la psique, que son la médula de nuestro paso por este mundo.


La enfermedad como camino, al entendimiento de la indivisibilidad entre la forma de vida, del pensamiento, y la salud física, la proyección de nuestras emociones y miedos en el plano físico así como también a manejarles mejor.

Pero la fuente de sabiduría mayor, además de la práctica espiritual, ha sido el trato con el dolor más fuerte, el propio y el de seres queridos que han sufrido enfermedad o pérdidas, así como las mías propias; el dolor como fuente de transformación interior.

La gratitud también.

Es la fuente de la mejor salud, la gratitud con la vida, con el entorno, con lo “bueno y malo” que ocurre porque todo es un maestro para la evolución.

La resiliencia es un concepto relativamente nuevo y se define como la capacidad humana para enfrentar, sobreponerse, ser fortalecido o transformar activamente la realidad, habiendo vivido experiencias de adversidad.

Las ciencias de la salud toman este término para describir a las personas que a pesar de nacer y vivir en condiciones adversas son capaces de sobreponerse y desarrollarse en forma adecuada.

Vivimos en una época en donde las quejas, los sufrimientos, los padecimientos, los malestares, los dolores y las maledicencias, son las constantes vividas de particulares, gremios y sociedades.

Y esas constantes, innegables, imborrables se sintetizan bajo el concepto de enfermedad.


La enfermedad es la maldición que abre la puerta para observar, para presenciar el reino de lo otro absoluto y a la postre lo que señala el camino y la morada final. La enfermedad es el barquero sobre el cual echamos nuestros insultos, injurias y peleamos en la paradoja de un temor que alcanza la dimensión de lo absoluto. Barquero que sabemos en lo profundo y serio de nuestras existencias cumplirá su oficio con precisión quirúrgica. Ni antes ni después nos arriba al puerto cuando es: allí́ reside el temor que nos oferta el saber lo inexorable y lo absoluto.


Yo sé que llegara ese momento y estoy esperando este barquero que arrebatara la vida de mi Mamá que con 91 año su vida es un constante sufrir, cada día que pasa agradece a Dios por sus favores y sus misericordias pero dentro de ella pelea cada día porque quiere irse a la morada Eterna para descansar de sus males.

Mientras tanto ¿Qué?

En lugar de esperar que ocurra algo extraordinario debemos aprender a disfrutar de los momentos y de las pequeñas cosas que forman parte del día a día

Vivir en armonía con uno mismo, vivir con salud y sabiendo priorizar las cosas importantes, son sin duda tres pilares esenciales sobre los que sustentar nuestro día a día.

Sabemos que la vida a menudo es compleja, que nos trae cosas que escapan a nuestro control.

Pero de nosotros depende saber afrontarlas con fortaleza, reflexionando y buscando siempre ese sendero que nos puede llevar hacia la felicidad.

El enigma de cómo llevar una vida saludable representa una de las más grandes constantes en la historia de la humanidad.

Este asunto, a diferencia de lo que opinan muchos, está lejos de constituir una preocupación exclusivamente moderna.

La felicidad es como una mariposa. Cuándo más la persigues, más huye.

Pero si vuelves la atención a otras cosas, ella viene y suavemente se posa en tu hombro.

La felicidad no es una posada en el camino, sino una forma de caminar por la vida.

Inteligencia Emocional

El término inteligencia emocional fue utilizado por primera vez en 1990 por Peter Salovey de Harvard y John Mayer de la New Hampshire, como la capacidad de controlar y regular los sentimientos de uno mismo y de los demás y utilizarlos como guía del pensamiento y de la acción.

La inteligencia emocional se concreta en un amplio número de habilidades y rasgos de personalidad: empatía, expresión y comprensión de los sentimientos, control de nuestro genio, independencia, capacidad de adaptación, simpatía, capacidad de resolver los problemas de forma interpersonal, habilidades sociales, persistencia, cordialidad, amabilidad y respeto.

El término Inteligencia Emocional se refiere a la capacidad humana de sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales en uno mismo y en los demás. Inteligencia emocional no es ahogar las emociones, sino dirigirlas y equilibrarlas.

Dentro de las habilidades de la inteligencia emocional encontramos las siguientes:

La primera, la toma de conciencia y expresión de las propias emocioneses la capacidad de reconocer una emoción o sentimiento en el mismo momento en que aparece y constituye la piedra angular de la inteligencia emocional.

Hacernos conscientes de nuestras emociones requiere estar atentos a los estado internos y a nuestras reacciones en sus distintas formas (pensamiento, respuesta fisiológica, conductas manifiestas) relacionándolas con los estímulos que las provocan.

La comprensión se ve facilitada o inhibida por nuestra actitud y valoración de la emoción implicada: se facilita si mantenemos una actitud neutra , sin juzgar o rechazar lo que sentimos, y se inhibe la percepción consciente de cualquier emoción si consideramos vergonzosa o negativa.

La captación de las emociones está además relacionada con la salud; al tratarse de impulsos tendentes a la acción (por manifestación comportamental, cambio de la situación o la reestructuración cognitiva) su persistencia origina problemas fisiológicos, e lo que denominamos somatizaciones.

Su adiestramiento es fruto de la mediación de adultos iguales, a través del aprendizaje incidental, centrando la atención en las manifestaciones internas y externas, especialmente no verbales, que acompañan a cada estado emocional y la situación que las origina.

La expresión voluntaria de distintas emociones, su dramatización, es un camino eficaz de modelado y aprendizaje de las mismas.

La segunda de las habilidades es la capacidad de controlar las emociones, de tranquilizarse a uno mismo, de desembarazarse de la ansiedad, la tristeza y la irritabilidad exageradas.

No se trata de reprimirlas sino de su equilibrio, pues como hemos dicho cada una tiene su función y utilidad.

Podemos controlar el tiempo que dura una emoción no el momento en que nos veremos arrastrados por ella.

El arte de calmarse a uno mismo es una de las habilidades vitales fundamentales, que se adquiere como resultado de la acción mediadora de los demás, es decir, aprendemos a calmarnos tratándonos como nos han tratado, pero aprendible y mejorable en todo momento de la vida.

En relación al enfado hay que conocer que su detonante universal es la sensación de hallarse amenazado, bien real o simbólicamente.

Consiste desde la perspectiva hormonal en una secreción de catecolaminas que producen un acceso puntual y rápido de energía y una descarga adrenocortical que produce una hipersensibilidad difusa que puede durar hora o incluso días, descendiendo progresivamente nuestro umbral de irritabilidad.

Podemos pues decir que el enfado se construye sobre el enfado; que cada pequeño incidente nos predispone a reaccionar nuevamente enfadándonos con causa menores y a que la reacción sea cada vez más violenta

También podemos afirmar que es la emoción mas persistente y difícil de controlar, aunque el peor consejero es la creencia errónea de que es ingobernable.

Lo importante para su control es intervenir en la cadena de pensamientos hostiles que los alimenta.

Y entre las técnicas que han demostrado su eficacia destacan ante la reacción ya provocada: la relajación, la comprensión  y una actitud contraria al enfado (quien se enfada tiene dos trabajos: enfadarse y desenfadarse).

En cuanto a la catarsis y la expresión abierta del enfado no parece surtir el efecto deseado, al contrario, según la anatomía del enfado es contraproducente.

Respecto al miedo, conviene recordar que como reacción ante un peligro real y objetivo, tiene un indudable valor adaptativo y está relacionada con la conducta de huída o lucha, para las cuales el organismo se prepara biológicamente mediante la movilización de sus recursos energéticos.

Cuando esta movilización de los recursos energéticos se origina ante causas más subjetivas o difusas, y de forma más persistente, también ante las más variadas actividades que suponen un reto, la emoción resultante la podemos denominar ansiedad.

La ansiedad se ha relacionado con el rendimientos o el éxito en la actividad, concretamente en la escolar, comprobando que mientras que a niveles moderados es beneficionsa e imprescindible, su exceso es contraproducente.

El componente fisiológico de la ansiedad es controlable a través de las técnicas de relajación.

El componente cognitivo (la preocupación) responde ante estrategias de cambio del foco de la atención, la autocrítica de las creencias asociadas, inducción activa de pensamiento positivo, la utilización del sentido del humor.

El componente conductual, evitación y lucha, requiere desensibilización, prevención o autoinstrucciones.

Sin alvidar que una buena prevención de la ansiedad es el aumento del ejercicio, una dieta baja en calorías, una cantidad apropiada de sueño y descanso…. es decir, los hábitos de conducta asociados al incremento de la secreción de serotonina.

Respecto a la tristeza, en su manifestación extrema, desadaptativa, la depresión, volvemos a destacar el uso de estrategias de modificación de conducta y cognitivas. Y además la utilización de la tercera de las habilidades de la inteligencia emocional, el optimismo.

La habilidad de motivarnos, el optimismo, es uno de los requisitos imprescindibles cara a la consecución de metas relevantes y tareas complejas, y se relaciona con un amplio elenco de conceptos psicológicos que usamos habitualmente: control de impulsos, inhibición de pensamientos negativos, estilo atributivo, nivel de expectativas, autoestima.:

·   El control de los impulsos, la capacidad de resistencia a la frustración y aplazamiento de la gratificación, parece ser una de las habilidades psicológicas más importantes y relevantes.

·   El control de los pensamientos negativos, veneno del optimismo, se relaciona con el rendimiento a través de la economía de los recursos atencionales; preocuparse consume los recursos que necesitamos para afrontar con éxito los retos vitales y académicos.

·   El estilo atributivo de los éxitos y fracasos, sus implicaciones emocionales y su relación con las expectativas de éxito es una teoría psicológica que contribuye enormemente a nuestra comprensión de los problemas de aprendizaje y a su solución.

·   La autoestima y su concreción escolar, autoconcepto académico o expectativas de autoeficacia, son conceptos que podemos relacionar con la teoría de la atribución; además consideramos al autoconcepto como uno de los elementos esenciales no sólo del proceso de aprendizaje escolar, sino también de salud mental y desarrollo sano y global de la personalidad.

La capacidad de motivarse a uno mismo se pone especialmente a prueba cuando surgen las dificultades, el cansancio, el fracaso, es el momento en que mantener el pensamiento de que las cosas irán bien, puede significar el éxito o el abandono y el fracaso (aparte de otros factores más cognitivos, como descomponer los problemas y ser flexibles para cambiar de métodos y objetivos).

El desarrollo del optimismo, la autoestima y la expectativa de éxito, están relacionados con las pautas de crianza y educación, evitando el proteccionismo y la crítica destructiva, favoreciendo la autonomía y los logros personales, utilizando el elogio y la pedagogía del éxito, complementado con la exigencia y la ayuda .

A nivel escolar es muy relevante la evolución, estudiada por Martín Covington, de la comprensión que tienen los niños y niñas de la relación entre el esfuerzo, la capacidad y el logro que se produce desde la infancia hasta la adolescencia: inicialmente esfuerzo es sinónimo de capacidad; de los 6 a los 10 años el esfuerzo se complementa con el factor capacidad innata; a partir de los diez algunos toman mal que su trabajo se vuelva más duro y requiera más tiempo, por lo que comienzan a desarrollar hábitos de postergar o evitar el trabajo; y a partir de los 13 se vuelven pesimistas sobre sus posibilidades de éxito. Ante este problema la mejor intervención es la prevención y la supervisión y apoyo familiar y la enseñanza de la habilidad de administración del tiempo (recursos de salud mental, que evita el estrés y aumenta eficacia laboral), así como cultivar hobbys, pues contribuyen a crear hábitos de trabajo.

Finalizamos este recorrido por las habilidades de la inteligencia emocional, con la empatía,

La capacidad de captar los estados emocionales de los demás y reacionar de forma apropiada socialmente (por oposición a la empatía negativa).

En la base de esta capacidad están la de captar los propios estado emocionales y la de percibir los elementos no verbales asociados a las emociones.

Su desarrollo pasa por fases como el contagio emocional más temprano, la imitación motriz, el desarrollo de habilidades de consuelo … pero el desarrollo de la empatía está fundamentalmente ligado a las experiencias de apego infantil (los hijos maltratados que se convierten en maltratadores).

Feliz Espíritu de la Navidad

Siempre es bueno alimentar el Espíritu de la Navidad a lo largo del año para que cuando lleguen estas fechas podamos disfrutarlas plenamente y que sea una verdadera celebración de ¡un año más juntos! … en la oficina, el despacho o en nuestra casa y con nuestros amigos.

El espíritu de la [Auto]Estima, que nos muestra qué hemos logrado, ganado y aprendido, qué oportunidades nos ha facilitado su desarrollo y qué podemos seguir aprendiendo o trabajando el año que viene.

El espíritu de la Asertividad, que nos muestra cómo hemos dotado de mejor expresión y contenido nuestro lenguaje … y dónde podemos seguir trabajando para ganar en eficiencia y eficacia, es decir, seguir mejorando nuestra expresión.

El espíritu de la Empatía, que bien acompañado de sus “hermanos”, nos muestra vías alternativas para llegar a soluciones convergentes, gracias a la comprensión que aporta el haber vivido situaciones o saber que ¿te podría tocar a ti vivir esa situación? Es el “hoy por ti, mañana por mí” o viceversa, tanto monta … y saber que en ese “hoy por …”, puede ser una mejora que nos vendrá estupendamente …

¡Feliz Navidad y que el Espíritu de la Navidad nos acompañe y nos inspire para que sea la mejor Navidad de nuestras vidas!